Hiroshima Eternamente

I. Nací en Nueva York justo a la hora en que caía la bomba atómica de Hiroshima, me dijiste intentando romper el hielo de una conversación aséptica y escéptica. Yo hubiese pasado por alto ese comentario en otra circunstancia. Sin embargo, te miré por segunda ocasión, esta vez con curiosidad e incredulidad. ¿Cuál podría ser la conexión de la bomba de Hiroshima con tu rancio aspecto de Dorian Gray post-punk?

Sonreíste. Tus ojos grises traslucían una lejana melancolía. "A veces deben morir tantos sueños para que nazca la eternidad", murmuraste.

-¿Eres eterno? Mi pregunta oscilaba entre el sarcasmo y el recelo. No podía imaginar tu respuesta e inexplicablemente sentí un vago miedo a escuchar cualquier cosa que dijeras.

-¡¿Cómo crees?! ¿Tengo facha de vampiro?

El tono relajado de tu voz me dio confianza y reí: -Pareces mucho más joven. Creí que serías más o menos de mi edad.

-¿De tu edad cronológica o tu edad mental?

Cuando me devolviste el sarcasmo no supe si tomarlo como un halago o una ofensa, y entonces preferí dar por terminada la conversación y volver a la lectura de mi libro, hallazgo extraño en una librería de viejo.

II. Llámame Hiroshima. Cuando digas mi nombre, recuérdame como Hiroshima, mon amour. Me amarás eternamente; pero no sabrás a ciencia cierta quién fui yo.

Soñé con ser un ángel de Wim Wenders y quedarme por siempre a tu lado. Empero, me correspondía delatar tus deseos frente al diablo.

Grítame Hiroshima, si lo que quieres invocar es la oscuridad de tu alma a plena luz del día. Y entonces caminaremos nuevamente sobre las horas que nunca fueron porque para el mundo nunca estuve aquí.

III. El tiempo se diluyó por la magia de tu mente fresca y radiante, de ideas radiactivas que no dieron tregua a mi risa infantil y mi fascinación por tus versos inversos que se ocultaban en el libro dentro del que me escondí el día en que te conocí, Hiroshima, vampiro demodeé, científico steampunk, que jaló el gatillo antes de que el juego terminara, pues tu misión era recuperar a cualquier costo, precisamente, ese libro. ♥